05.05.14

El Gobernador es más Komander

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El Gobierno de Morelos prohibió deliberadamente el concierto del cantante sinaloense Alfredo Ríos ‘El Komander’ en la Feria de la Primavera 2014 de Cuernavaca, pues considera que el cantante hace “apología de la violencia.”

 Hace poco escribí un artículo celebrando el estado actual de la comunicación política en México, no tanto en virtud de su forma y contenido sino de la pluralidad de voces –especialmente de actores decisivos– que hoy se enfrentan con libertad en el ámbito público: Slim vs. Azcárraga, Cordero vs. Madero, Vecinos de Coyoacán vs. Parquímetros, Krauze vs. Noroña, Sheridan vs. Alatriste, etc.

Pero aclaré que “falta mucho por hacer, [pues] asusta el carácter deliberadamente autoritario con el que algunas instituciones enemistadas con la libertad de expresión –gobernadores, la Iglesia, el crimen organizado, grupos estudiantiles y medios– limitan el diálogo y coartan la razón.”

Ipso facto, tristes eventos este fin de semana confirmaron lo dicho.

Como usted sabe, el Gobierno de Morelos prohibió deliberadamente el concierto del cantante sinaloense Alfredo Ríos ‘El Komander’ en la Feria de la Primavera 2014 de Cuernavaca, pues considera que el cantante hace “apología de la violencia.”

¿Moral? ¿Buenas costumbres? Ahora resulta que el gobierno es el adalid de la moralidad.

“Atentamente le exhorto” dice la carta que el Gobierno de Morelos envió al Cabildo de Cuernavaca, “a realizar las acciones que estime pertinentes para el efecto de que este tipo de espectáculos no se realicen en el municipio de Cuernavaca.”

Obediente, el Cabildo de Cuernavaca le pidió a la Feria de la Primavera que “se abstenga de promover grupos musicales que inciten a la violencia, discriminación o cualquier otro tipo de agresión que atente contra el derecho, la moral y las buenas costumbres que deben regir en la vida social.” (Acto seguido, también se prohibieron conciertos del ‘Komander’ y el artista ‘Calibre 50’ en Puebla y Campeche).

¿Moral? ¿Buenas costumbres? Ahora resulta que el gobierno es el adalid de la moralidad y juez supremo de las buenas costumbres. La autoridad –no el ciudadano– dirá lo que es bueno y lo que es malo, qué costumbres deben regir la vida social y, por si fuera poco, qué música escuchar.

Con despótica incongruencia, el gobierno de Morelos, supuestamente progresista y de izquierda, confunde legalidad con moralidad y emite una fatwa salafí más propia de un ayatola iraní que de la democracia liberal, constitucional y republicana que teóricamente tenemos. Evoca aquél intento del gobierno de Guanajuato por prohibir el beso en las plazas públicas.

¿Apoco no sabían que una censura de este tipo, en todo caso, tendría el efecto contrario? Cualquier neófito de la comunicación lo sabe. ¿No sabían que los niños y jóvenes –curiosos por aquello que está prohibido– naturalmente se acercarían a ‘Komander’? Inocente, el Gobierno de Morelos le hizo la mejor publicidad a su enemigo público y, efectivamente, uno ya puede encontrar posters y discos de ‘Komander’ en todas las esquinas.

Pero lo realmente grave es el intento por ahorcar la libertad de expresión. La excusa  de que las canciones de ‘Komander’ atentan contra la ‘seguridad pública’ e ‘incitan a la violencia’ es ridícula. Con un adecuado cuerpo de seguridad, no deberían importar las letras de una canción ni la parafernalia de un escenario. A México ya han venido muchos artistas –Black Sabbath, Marilyn Manson, Eminem, Moonchild, etc.– cuyas letras son más que violentas: rozan en la misoginia, la homofobia y la drogadicción. No obstante, la gente civilizada reconoce que es un show, toma sin seriedad el asunto y el evento concluye en armonía. Es parte de la posmodernidad mediática, de la civilización del espectáculo. Un gobierno que confisca a sus ciudadanos ese poder de discernir, no sólo es paternalista sino ostensiblemente autoritario.

Ahora bien, el problema de ‘Komander’, dice el gobierno, es que sus canciones hablan de narcotráfico –un fenómeno, digamos, más delicado. Ah bueno, entonces sí habría que censurarlo. Olviden que Cuernavaca ya es la tercera ciudad más violenta del país, olviden los actos de violencia real –extorsión, asesinato, secuestro, robo– que nos ha mostrado el poeta Sicilia. Lo que se necesita, lo primordial, es prohibir el concierto de ‘Komander’.

No es creíble. Si censurar a un sujeto tan risible como ‘Komander’ –alegando que su música genera violencia– no es tapar el sol con un dedo, entonces es un truco publicitario del gobierno. Además, si lo censurable es el contenido, ¿por qué tanta arbitrariedad en la guillotina? ¿Por qué no censurar a Los Tigres del Norte o a Los Tucanes de Tijuana? ¿Por qué no censurar a los medios de comunicación que cubren el narco?

Lo cierto es que la censura, sobre todo al arte y la cultura, nunca ha funcionado. Siempre ha sido, desde Galileo y Rembrandt, hasta Swift y Wilde, el último refugio del moralismo autoritario. Suena exagerado vestir de ‘artista’ a un impostor musical como ‘Komander’, pero el axioma es el mismo. No sólo es violar el artículo 6to de nuestra Constitución –la libertad de expresión: un derecho universal–, sino intentar eclipsar imperiosamente un objeto cultural como el narcocorrido, reflejo auténtico de nuestra violenta realidad.